EL AMANTE

MARGUERITE Duras

En la Indochina de los años veinte, dominada por el colonialismo francés, una niña —blanca, pobre, de quince años— y un comerciante —chino, rico, de veintiséis— son amantes. En esta novela seudobiográfica de 1984, Marguerite Duras retrata a partir de recuerdos difusos esta historia de deseo y amor.

  • Editorial

    Tusquets Editores, 1989

  • Año y lugar de edición

    1984, España

  • Número de páginas

    256

  • Título original

    L’Amant

  • Traducción

    Ana M.ª Moix

  • Introducción

    Rafael Conte, en 1984

  • Lo mejor

  • Rápido de leer.
  • Descripciones visuales.
  • Motiva a la reflexión.
  • Texto intenso y poético.
  • El deseo y la mujer como eje central.
  • Otras obras

    RECOMENDADAS DE LA AUTORA

  • El hombre sentado en el pasillo
  • El mal de la muerte

Resumen en imágenes

Marguerite Duras nació en la Indochina francesa (actual Vietnam) en 1914, en una familia dedicada al funcionariado de la administración colonial francesa. Su padre murió pronto y los tres hijos —dos hermanos y ella— quedaron bajo el cuidado de la madre. La infancia de la autora bien podría ser parte de la sinopsis de El amante, pues se trata de una autoficción. Marguerite Duras siempre negó que fuera una autobiografía: “no lo es, aunque lo que aparece en el texto haya sido verdad alguna vez”.

La novela, una obra corta, es un relato intimista escrito en primera persona. Marguerite Duras navega a través de recuerdos difusos para contar una historia sobre el deseo y el amor. Pero, en el fondo, los amantes son solo el pretexto para retratar una familia —la de la propia escritora— tortuosa y complicada.

Ese día debo llevar el famoso par de tacones altos de lamé dorado. No se me ocurre qué otros podría llevar ese día, o sea que los llevo. […] Solo me soporto con ese par de zapatos.

 

Lleno de honestidad, este libro llegó a mí en forma de regalo de alguien que me conoce muy bien; lo devoré en dos noches. No se narra en él una historia de amor —habla, más bien, sobre el deseo— pero el romanticismo está presente en su estado más puro. Se ahonda igualmente en el siniestro que rodea a veces al erotismo: la perversión está presente, pues se muestra un delito en el que un adulto tiene sexo con una menor. Podría ser categorizada como una novela erótica, pero el lenguaje dulce y visual que utiliza tiene más peso que el erotismo en sí. Toma mucha importancia el contexto que rodea a los amantes: la familia, el alcoholismo, la mujer como centro del libro —centro, pues, del mundo al que nos traslada el libro.

He escrito mucho acerca de los miembros de mi familia, pero mientras lo hacía aún vivían, la madre y los hermanos, y he escrito sobre ellos, sobre esas cosas sin ir hasta ellas.

Marguerite Duras escribió 18 películas a lo largo de su vida: este concepto audiovisual se refleja en la narración, la cual se construye a través de imágenes. Las descripciones son concretas y muy sólidas; se nos permite tocar, oler, sentir, aquello que leemos. La propia autora afirmó que comenzó a escribir la novela como comentarios de fotografías antiguas.

El ruido de la ciudad es intenso, en el recuerdo es el sonido de una película pero demasiado alto, ensordecedor. Lo recuerdo perfectamente, en la habitación hay poca luz, no se habla, está envuelta por el estrépito continuo de la ciudad […]. En las ventanas no hay cristales, hay cortinillas y persianas. En las cortinillas se ven las sombras de la gente que circula al sol de las aceras.

La historia se nos dibuja de este modo como un monólogo interno, en el que navegamos a saltos a través de los recuerdos que se presentan como flashes, llenos de agujeros y de elipsis. De este modo, todos los temas —también el colonialismo, las clases sociales, el racismo, el fracaso, el feminismo— son dibujados a pinceladas, mediante el uso de estas imágenes que nos muestran más la realidad que lo que hubiera logrado un ensayo detallado. Marguerite Duras es consciente de la volatilidad de los recuerdos —elegimos, indudablemente, lo que recordamos y cómo lo hacemos— y los elige cuidadosamente. “Recuerdo mal los días” afirma la escritora, y sin embargo transmite unas ideas claras, descarnadas, reveladas con ojo cinematográfico.

El texto es claro, fluido, transparente, construido sobre frases desordenadas que experimentan con la sintaxis. La narración utiliza repeticiones, dando la sensación de que estamos presenciando un diálogo interno espontáneo.

El río fluye sobradamente, no hace ningún ruido, la sangre en el cuerpo. Fuera del agua no hace viento.

Los personajes y escenas de El amante aparecen en otras de sus novelas como Un dique contra el pacífico o en algunas de sus obras de teatro como L’Eden Cinéma. La autora intenta representar sus memorias, pero también las de su madre, intentando recordar desde esta misma. Marguerite Duras nos muestra en el libro su pasión por la escritura desde pequeña, pero también cómo evoluciona hasta ser su espacio de huida y de soledad; el único espacio que le permite, según ella, la soledad que tanto ansía.

Mientras nos perdemos entre los cuerpos entrelazados de los amantes, la historia nos habla de la búsqueda de aquellos que ya no están y que nunca llegaron a ser conocidos —¿llegaron, acaso, alguna vez a estar realmente?. Es un libro rápido y precioso de leer, un saciarse de agua dulce que deja el cuerpo en paz; un ritmo equilibrado que graba la historia —o, más bien, las sensaciones al leerla— en nuestro cuerpo. Deja una marca en la piel, porque es una historia que sale de la carne buscando la carne.

Descubro que le deseo.

Artículo de interésJenn Díaz la retrata perfectamente en este artículo publicado en la revista Jot Down.

biografía en un minuto y medio

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