VOZDEVIEJA

Elisa victoria

Marina es una niña de 9 años que está comenzando a descubrirse. Es el verano del 92 en la calurosa Sevilla: su madre está luchando contra una grave enfermedad, su abuela es la persona con quien más tiempo pasa y no consigue congeniar con niños de su edad.

  • Editorial

    Blackie Books

  • Año y lugar de edición

    2019, España

  • Número de páginas

    256

  • Lo mejor

  • Rápido y ameno de leer.
  • Protagonista especial.
  • Motiva a la reflexión.
  • Ciudad de Sevilla.
  • Preciosa encuadernación.

Resumen en imágenes

Hace menos de un año, mi amiga Pili me llamó: “tienes que leerte Voz de vieja”. Confío mucho en su ojo literario y el título me llamó la atención. Lo busqué y descubrí que lo había entendido mal, que se escribía todo junto: así, Vozdevieja. ¿De qué podía tratar un libro con un nombre como ese, un libro que parecía prometer hablar de ancianos?

Resulta que era un poco cierto y, a la vez, un poco todo lo contrario. La novela, escrita por Elisa Victoria, trata sobre Marina, una niña bastante repipi de 9 años a quien llaman, por su extraña madurez, Vozdevieja en el colegio. La protagonista narra, en primera persona, un trocito de su vida. La historia transcurre en el verano de la Expo del 92, en la vida de barrio de la calurosa capital andaluza. La ciudad está muy presente: Sevilla se respira en las aceras hirviendo, en los diálogos de los personajes y en las calles desiertas al mediodía.

“La enfermedad es un miembro más de mi familia, uno con capacidad para decidir lo que será de mí después de este verano.” 

La historia varía su ritmo a lo largo de los meses veraniegos, pero la obra es, en conjunto, muy contemplativa: somos testigos del día a día de la protagonista, quien reflexiona —es más, filosofa— sobre todo aquello que experimenta. La narración supone casi al completo un monólogo interno.

La novela se divide en tres partes definidas. La primera parte transcurre justo antes de las vacaciones de verano. Aún hay colegio y comenzamos a conocer a la protagonista. La segunda parte nos muestra la plenitud del verano: las vacaciones a Marbella. Aquí, la novela nos traslada a unas semanas llenas de paz y belleza. La tercera parte podría ser vista como la liberación. Se nos muestra una parte de la protagonista más oscura; es consciente de sus limitaciones y razona mucho más sobre lo que la rodea y sobre sí misma.

“Si cambio todo el tiempo, ¿cómo voy a saber quién soy? Pronto me siento cansada, hecha un lío”

Con la libertad que aporta la primera persona, Marina se mueve entre recuerdos, dando saltos en el tiempo a su placer. De la verborrea interna que mantiene con ella misma podemos descubrir una evolución en su personalidad, que está comenzando a formarse. A veces, se tocan temas con mucha profundidad, imperceptible a primera vista: es dibujada solo mediante pinceladas que nos llevan a la propia reflexión. La historia nos muestra una melancolía que parece imposible en una niña tan pequeña, pero que, a la par, reconocemos común en el ser humano —en nosotros mismos— desde siempre. Asimismo, la trama es un reflejo de la ansiedad que se sufre en la infancia, una época tan sensible a moldearnos el resto de la vida.

“Soy incapaz de sostener la mirada a una amiga con las bragas bajadas, incapaz de bailar con mi madre, de decirle que la admiro, que la quiero. […] ¿Por qué entonces sigo tan triste? ¿Por qué estoy triste casi siempre? ¿Por qué tengo tanto miedo, por qué no me calan los sentimientos dulces?”

Marina es capaz de hablar del ser humano sin tapujos, sin ser del todo políticamente correcta aún, pero siendo consciente de que en breves tendrá que serlo. Nos habla desde su intimidad interior de temas que son difíciles de tratar porque la cultura los envuelve de tabú: un ejemplo es su atracción hacia el sexo violento. La pequeña protagonista habla mucho de ella, pero también nos muestra a las personas que entran y salen de su vida e, incluso, a las personas que, como su padre, nunca terminan de estar presentes ni de desaparecer. Nos enseña también una época, una sociedad a la que podemos observar caminando de su mano. Las ideas que maneja sobre política, religión o sexo, entre otros temas de personas mayores, están heredadas de los adultos que hay en su vida. Puede notarse cómo esto les sucede asimismo a los niños con los que se relaciona, pero también cómo todos van evolucionando en pos de sus propias ideas.

“Para resolver lo de la paleta me llevaron al dentista pero el empaste sólo duró unos meses, hasta que mordí una patata frita muy crujiente y se cayó. Como con la ausencia de mi padre, no consigo que este hueco me importe del todo, pero tampoco que me deje de importar”

El tono de la novela se mueve entre la dulzura, la crudeza y el humor, pero un ingenio sin adornos, que surge de la naturalidad y la sinceridad con la que Marina razona. El lenguaje es más coloquial y andaluz en los diálogos, mientras que se enrevesa y poetiza en la mente de la niña. Sin embargo, la espontaneidad no se refleja solamente en las conversaciones, sino en cómo se habla, por ejemplo, de hacer caca o pis con la sencillez propia de un niño. Cuando nos hacemos mayores, los seres humanos nos dividimos en dos vertientes: o sentimos reparo de los temas escatológicos o sentimos cierto placer en hablar de ellos, sobre todo delante de la gente con reparo. Yo soy de ese tipo de gente —de la que tiene reparos, a pesar de ser consciente de la absurdez de tenerlos— y Elisa Victoria me ha sacado en algunas ocasiones los colores con su franqueza.

No sé si es por mi origen sevillano, pero yo he vivido escenas parecidas con mi abuela y con mis amigos, he comido todos los platos que se mencionan y alguien me ha despertado porque ha comprado churros para desayunar. Unido a la maravillosa y turbia prosa de Elisa Victoria, he regresado a estos recuerdos y he podido vivirlos de nuevo desde la nueva óptica de Marina. Vozdevieja es un libro ameno, fácil de leer pero sin evitar que provoque una reflexión continua en el lector. Esta amalgama de sensaciones —y la mezcla entre una lectura llena de aristas, pero cómoda de leer— supone un conjunto fascinante que he devorado en menos de un mes. ¡Una apuesta segura como regalo y como lectura para comenzar febrero!

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